
El simulacro nacional de terremoto del martes 8 de septiembre incorporará mensajes directos a teléfonos móviles. La tecnología promete acelerar la comunicación durante una emergencia, pero todavía quedan preguntas sobre su cobertura, compatibilidad y funcionamiento en todas las redes.
Santo Domingo. A las 10:00 de la mañana del próximo martes, sirenas, silbatos y altavoces marcarán el inicio de un ejercicio que pretende medir algo más que la rapidez con la que una persona puede abandonar una edificación.
Por primera vez dentro de un Simulacro Nacional de Evacuación por Terremoto de esta magnitud, el Gobierno dominicano probará también el envío de mensajes de emergencia directamente a teléfonos celulares, una tecnología llamada Cell Broadcast que busca convertir las redes móviles en otro canal para advertir a la población ante situaciones de peligro.
La prueba será parte del Simulacro Nacional de Evacuación por Terremoto 2026, convocado para el martes 8 de septiembre con participación de instituciones públicas y privadas, centros educativos, organizaciones sociales y ciudadanos en todo el territorio nacional.
El anuncio fue realizado por el ministro administrativo de la Presidencia, Andrés Bautista; el director del Centro de Operaciones de Emergencias (COE), Edwin Olivares, y el director de la Defensa Civil, Carlos Paulino.
Pero detrás de la novedad tecnológica hay una pregunta más importante: ¿qué tan preparado está realmente el país para que una advertencia llegue a tiempo a millones de personas y se traduzca en una respuesta efectiva?
La respuesta no dependerá solamente de que un teléfono suene.
Un mensaje para miles de celulares a la vez
Cell Broadcast funciona de manera distinta a un mensaje de texto convencional.
En lugar de enviar un SMS individualmente a cada número telefónico, la tecnología permite transmitir un mensaje desde las antenas de telecomunicaciones hacia numerosos dispositivos compatibles ubicados dentro de un área geográfica determinada.
La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) explica que el sistema puede alcanzar simultáneamente un gran número de teléfonos y delimitar geográficamente la zona que recibirá una advertencia.
Tampoco requiere que las autoridades conozcan individualmente el número telefónico o la ubicación exacta del ciudadano, ni que el usuario descargue previamente una aplicación o se suscriba al servicio.
Otra ventaja es su capacidad de operar sin verse afectado por la congestión que puede perjudicar otros servicios de las redes móviles durante una emergencia. En implementaciones compatibles, los mensajes aparecen directamente en la pantalla y pueden utilizar sonidos y patrones de vibración particulares para llamar la atención del usuario.
Eso resulta especialmente relevante durante un desastre de gran escala, cuando miles de personas intentan comunicarse simultáneamente y las redes convencionales pueden saturarse.
Sin embargo, que esas sean capacidades técnicas de Cell Broadcast no significa que todas estarán disponibles en República Dominicana durante la prueba del martes.
Hasta ahora, las autoridades no han detallado públicamente qué modelos de teléfonos serán compatibles, cuáles operadoras participarán en el ejercicio o si los usuarios tendrán que habilitar alguna configuración específica en sus dispositivos.
El celular no predecirá un terremoto
La incorporación de las alertas también requiere una aclaración esencial: el sistema no predice terremotos.
De hecho, al anunciar el ejercicio, el propio director del COE recordó que “los terremotos no avisan”.
Cell Broadcast es fundamentalmente un mecanismo de distribución de información. Una autoridad genera una advertencia y la infraestructura de telecomunicaciones permite hacerla llegar rápidamente a los teléfonos que se encuentran dentro del área seleccionada.
Eso significa que puede utilizarse para ordenar evacuaciones, informar sobre amenazas posteriores a un evento, advertir sobre un tsunami, identificar lugares que deben evitarse o comunicar instrucciones de las autoridades.
También puede emplearse frente a otros fenómenos, como huracanes e inundaciones.
Pero una advertencia sísmica capaz de llegar segundos antes de las ondas más destructivas requeriría componentes adicionales: una red de sensores, detección rápida del terremoto, procesamiento de la información y mecanismos para generar la alerta prácticamente en tiempo real.
El Gobierno no ha anunciado que esa capacidad forme parte del ejercicio del 8 de septiembre.
Por tanto, lo que República Dominicana probará es un canal para distribuir alertas de emergencia, no una tecnología capaz de anticipar cuándo ocurrirá un terremoto.
Una tecnología que todavía está a prueba
El proyecto tampoco comenzó con el simulacro de este año.
La investigación disponible sobre el Sistema Nacional de Alertas muestra un proceso de implementación progresiva, con pruebas técnicas anteriores y adecuaciones de infraestructura.
Esto significa que el ejercicio del martes debe observarse también como una prueba del propio sistema.
Y ahí estará uno de sus principales desafíos.
Una alerta nacional solo resulta verdaderamente efectiva cuando puede alcanzar a una proporción suficientemente amplia de la población, independientemente de la empresa telefónica utilizada o del modelo de dispositivo que tenga cada persona.
La UIT advierte que la recepción mediante Cell Broadcast depende, entre otros factores, de que el teléfono esté encendido, tenga cobertura de una red participante, sea compatible y esté configurado para recibir esos mensajes.
La experiencia internacional también demuestra que implantar este tipo de sistemas exige coordinación entre organismos de gestión de emergencias, compañías telefónicas, reguladores y otras instituciones responsables de autorizar y distribuir las advertencias.
Por eso, el éxito del martes no debería medirse únicamente por el número de personas que evacúen.
También importará saber cuántos celulares recibieron efectivamente el mensaje y cuántos quedaron fuera.
Las preguntas que quedan abiertas
Todavía existen interrogantes relevantes que las autoridades deberán responder para conocer el verdadero alcance del Sistema Nacional de Alertas.
No está públicamente establecido si el mensaje llegará simultáneamente a clientes de todas las compañías telefónicas ni qué versiones de Android y iOS podrán recibirlo.
Tampoco se ha detallado si será necesario activar manualmente las alertas, si habrá diferencias según el tipo de dispositivo o si la prueba abarcará todas las antenas del territorio nacional.
Hay además preguntas institucionales que serán aún más importantes cuando el sistema pase de un simulacro a una emergencia real: quién tendrá la autoridad final para ordenar una alerta, qué protocolo se utilizará para evitar mensajes erróneos y cómo se coordinarán diferentes instituciones cuando una amenaza requiera decisiones inmediatas.
El sistema también plantea un desafío de inclusión.
No todas las personas poseen un teléfono móvil compatible, mantienen el dispositivo encendido permanentemente o pueden interpretar una advertencia de la misma manera. Personas con determinadas discapacidades, adultos mayores y comunidades con dificultades de conectividad requieren mecanismos adicionales.
Por esa razón, los sistemas modernos de alerta no dependen exclusivamente del celular. La UIT recomienda combinar diferentes canales de comunicación, incluidos radio, televisión, sirenas y mecanismos comunitarios.
El propio simulacro dominicano mantendrá algunos de esos métodos tradicionales: sirenas, silbatos y altavoces acompañarán la prueba de los mensajes móviles.
El riesgo detrás del simulacro
La preparación ante terremotos tiene una dimensión particular en República Dominicana.
El país se encuentra en una región de actividad sísmica vinculada a la interacción entre las placas del Caribe y Norteamérica y posee antecedentes de terremotos destructivos.
Uno de los episodios más significativos ocurrió el 4 de agosto de 1946.
El Centro Nacional de Sismología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo recuerda que aquel terremoto, originalmente estimado en magnitud 8.1 y posteriormente revisado alrededor de 7.8, provocó un tsunami que afectó gravemente a Matancitas, en la provincia María Trinidad Sánchez.
Ese antecedente ayuda a explicar por qué la preparación no puede limitarse al momento en que comienza a temblar.
El riesgo sísmico también depende de las condiciones de las edificaciones, la concentración de población, la capacidad de hospitales y organismos de emergencia, el cumplimiento de las normas de construcción y el conocimiento ciudadano sobre cómo reaccionar.
Una alerta puede llegar en segundos.
Reforzar una estructura vulnerable requiere años de evaluación, inversión y fiscalización.
Lo que una familia puede comprobar el martes
Para los hogares, el simulacro ofrece una oportunidad sencilla de identificar fallas que difícilmente aparecen hasta que se intenta evacuar.
Antes del ejercicio conviene reconocer cuáles son las zonas seguras de la vivienda, revisar las posibles salidas y acordar un punto de encuentro familiar.
También debe definirse quién ayudará a niños, adultos mayores o personas con discapacidad, y qué hará cada integrante cuando la familia se encuentre separada al momento de una emergencia.
Cuando comience el ejercicio, evacuar rápidamente no significa correr.
La prueba debe permitir comprobar cuánto tiempo necesita una familia para actuar de manera organizada, cuáles obstáculos encuentra y qué aspectos debe corregir.
Si el teléfono recibe la alerta alrededor de las 10:00 de la mañana, el primer paso será leer completamente el mensaje.
La comunicación deberá identificar que se trata de un ejercicio.
Un aviso genuino transmitido mediante Cell Broadcast tampoco necesita solicitar contraseñas, información bancaria ni pagos para ser recibido. Cualquier supuesto mensaje de emergencia que exija esos datos o dirija al usuario hacia páginas sospechosas debe ser tratado con precaución.
La prueba empieza cuando termine el simulacro
El sonido que emitan los celulares el martes será apenas una parte del ejercicio.
El resultado verdaderamente útil aparecerá después.
¿Cuántos teléfonos recibieron la alerta? ¿Qué operadoras lograron transmitirla? ¿Cuáles dispositivos quedaron fuera? ¿Hubo zonas sin cobertura? ¿Cuánto tardó el mensaje en llegar? ¿Funcionaron las rutas de evacuación? ¿Qué instituciones fallaron? ¿Qué se corregirá antes de la próxima prueba?
Publicar esas respuestas permitiría convertir el simulacro en una herramienta de política pública y no solamente en una jornada anual de evacuación.
Cell Broadcast ofrece una ventaja concreta: permite que una instrucción oficial pueda alcanzar rápidamente a una gran cantidad de personas sin depender de aplicaciones ni del envío individual de mensajes.
Pero ninguna tecnología puede resolver por sí sola la vulnerabilidad frente a un terremoto.
Un teléfono puede advertir de un peligro y decir qué hacer. No puede reforzar una escuela vulnerable, despejar una salida bloqueada, garantizar que un hospital permanezca operativo ni reemplazar un plan familiar de emergencia.
El verdadero examen del martes, por tanto, no será comprobar simplemente si los celulares sonaron.
Será determinar a quiénes llegó la alerta, quiénes quedaron fuera y qué hará el Estado con lo aprendido antes de que el próximo aviso corresponda a una emergencia real.
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