SANTO DOMINGO.- En un pequeño taller de Barahona, entre el olor a madera y la brisa del Caribe, Francisco Gómez pule una mesa artesanal con paciencia. Empezó su negocio en plena pandemia, cuando perdió su empleo en la construcción. Con tres herramientas prestadas y un teléfono con conexión inestable, abrió una cuenta de Instagram para mostrar sus muebles. Hoy vende a clientes en Azua, San Cristóbal y hasta en la capital, aunque cada entrega le cuesta un viaje de más de tres horas.
“Vivir fuera del Gran Santo Domingo te obliga a ser creativo”, dice Francisco, mientras acomoda su única lámpara de trabajo. “Aquí no hay bancos que te presten fácil, ni talleres grandes que te ayuden. Todo lo he aprendido viendo videos y preguntando”.
Su historia resume la realidad de miles de dominicanos que emprenden desde las provincias, enfrentando limitaciones que van desde la falta de crédito hasta la escasa conectividad digital. En República Dominicana, el talento no falta; lo que escasean son las oportunidades.
El mapa desigual del emprendimiento
Según el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), más del 98 % del tejido empresarial del país está compuesto por micro, pequeñas y medianas empresas. Pero la gran mayoría —alrededor del 80 %— se concentra en el Gran Santo Domingo y Santiago.
Eso deja al Sur, el Noroeste y las zonas fronterizas con menos acceso a programas de apoyo, financiamiento y capacitación.
“Las provincias están llenas de talento, pero la distancia con la capital sigue siendo económica y simbólica”, explica Mercedes Carrasco, economista y consultora del BID. “Muchos jóvenes tienen buenas ideas, pero sin redes ni apoyo institucional, esas ideas se apagan”.
En Neyba, María López fabrica carteras y accesorios con materiales reciclados. Ha intentado varias veces formalizar su negocio, pero el proceso le resulta confuso y costoso. “El Internet aquí es lento, y los trámites hay que hacerlos en línea. Uno siente que todo está hecho para los que viven en la capital”, cuenta.
El crédito que no llega
La Banca Solidaria —dependiente del MICM— ha otorgado más de RD$10,000 millones en microcréditos durante 2025. Sin embargo, un informe interno revela que más del 60 % de esos fondos se queda en las regiones Metropolitana y del Cibao Central.
En provincias como Elías Piña o Bahoruco, las opciones se reducen a préstamos informales con intereses de hasta un 20 % mensual. “El dinero existe, pero no circula de forma equitativa”, señala el economista Miguel Collado Di Franco, del Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (CREES). “Y sin financiamiento, no hay expansión ni innovación”.
Aun así, la resiliencia provincial encuentra caminos alternativos. Carmen Peña, en San Juan, creó una pequeña marca de dulces artesanales con el apoyo del Centro Mipymes local. “Nos enseñaron a llevar cuentas y usar redes sociales. Ahora vendo por WhatsApp y mis hijos me ayudan con los pedidos”, dice con orgullo.
Centros Mipymes: esperanza en terreno difícil
Los Centros Mipymes del MICM se han convertido en un salvavidas para muchos emprendedores del interior. Existen actualmente 34 centros activos, asociados a universidades y cámaras de comercio.
En Barahona, uno de los más recientes, la coordinadora Ruth Méndez comenta que cada semana llegan jóvenes con ideas distintas: panaderías, negocios de limpieza, tiendas en línea o productos agrícolas. “Lo que más necesitan es acompañamiento, alguien que les diga que es posible y les muestre cómo organizarse”, afirma.
El reto, sin embargo, es la escala. La demanda supera ampliamente los recursos. En provincias con poca infraestructura, incluso desplazarse hasta el centro es un obstáculo. “Hay gente que gasta más en el pasaje que en los materiales para su negocio”, lamenta Méndez.
Brechas invisibles: la conectividad
En un país donde la digitalización avanza rápidamente, la falta de Internet estable en las provincias rurales sigue siendo una barrera. El Consejo Nacional de Competitividad (CNC) ubica a Pedernales, Dajabón y Bahoruco entre las provincias con menor conectividad y acceso tecnológico.
“Sin Internet no se puede competir”, dice José Alcántara, un joven de Mao que vende productos agrícolas por redes sociales. “A veces paso el día entero sin señal, y pierdo clientes que creen que no quiero responder”.
Pese a ello, la digitalización está cambiando lentamente la historia. Según el Observatorio Mipymes del MICM, más del 60 % de los nuevos emprendimientos creados desde 2022 en provincias operan parcial o totalmente en entornos digitales. La pandemia dejó una enseñanza: la tecnología puede igualar el terreno, pero solo si llega a todos.
Educación y sostenibilidad: nuevas rutas del éxito
La formación empresarial es otro desafío pendiente. Por eso, el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT) lanzó en 2025 un programa de capacitación en emprendimientos rurales, que ya beneficia a jóvenes del Sur y del Noroeste.
“Les enseñamos finanzas básicas, marketing y sostenibilidad. Muchos tienen talento, pero nunca nadie les habló de costos, márgenes o marca”, explica Ruth Méndez, quien también participa en el programa.
Historias como la de Juan Manuel Taveras, productor de cacao en San Francisco de Macorís, demuestran el poder de esa educación. Tras capacitarse en uno de los talleres, modernizó su finca, creó una pequeña marca de chocolate artesanal y ahora exporta a Puerto Rico. “Lo único que faltaba era creer que podíamos hacerlo desde aquí”, dice sonriendo.
El desafío de formalizarse
La informalidad sigue siendo una sombra. La Oficina Nacional de Estadística (ONE) calcula que más del 50 % de los trabajadores por cuenta propia en provincias opera sin registro ni acceso a la seguridad social.
En 2024, el Gobierno lanzó Formalízate, una plataforma digital que promete completar el registro de microempresas en menos de 48 horas. Aunque más de 10,000 emprendedores ya la han utilizado, la mayoría son urbanos. En zonas rurales, la falta de Internet y orientación reduce su alcance.
“Formalizarse es un acto de fe”, dice Carmen Peña. “Pero si no lo haces, no puedes crecer. Todo el mundo te pide papeles, pero nadie te enseña a conseguirlos”.
Más allá de la capital
Expertos coinciden en que el futuro del emprendimiento dominicano pasa por romper el centralismo económico y apostar por políticas diferenciadas por región. Eso incluye incentivos fiscales, créditos rurales y programas de innovación adaptados a cada territorio.
“La República Dominicana no puede depender de una sola ciudad”, insiste Miguel Collado Di Franco. “Cuando el talento provincial tiene oportunidades, el país crece de manera más justa y equilibrada”.
Desde su taller en Barahona, Francisco Gómez sigue soñando con abrir una pequeña fábrica. “Yo no quiero irme a la capital. Quiero que mi negocio crezca aquí, donde nací”, dice. “Si uno se queda esperando ayuda, no avanza; pero si se mueve, algo pasa. Siempre algo pasa”.
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