Por Dra. Marcia Castillo
¿Cómo sabes si la Tierra no es más que el infierno de otro planeta? Se cuestionaba A. Huxley en su libro Un mundo feliz. ¿Y es que acaso necesitamos de Lucifer, de leviatanes o de ángeles caídos para justificar la incapacidad de cohesión social en la que vivimos? La psiquis del mundo está terriblemente fracturada, no se necesita fantasmas ni brujas, el diablo puede desemplearse, porque con el hombre parece ser más que suficiente para recrear terribles y perfectos paisajes dantescos.
La historia del cine y la literatura está plagada de crónicas de histerias colectivas o como actualmente acepta la taxonomía: psicosis en masa o grupal. De ellas, tal vez las más emblemáticas son la epidemia de la risa en la actual Tanzania, que inició en una escuela y luego se extendió a toda la aldea con casos de extenuación, desmayos, síncopes y muertes. El caso de la Corea histérica donde hubo filas de baile, más de 150 personas en cola por más de tres días hasta que los pies se desangraban, se fracturaban, caían los mayores con infartos al miocárdico y muchos tuvieron que ser hospitalizados por deshidratación. El baile se asumió como una forma de evitar la posesión demoníaca. Otro de los casos más raros fue la psicosis de KORO, donde los hombres alucinaban que su pene se iba retrayendo poco a poco hasta introducírseles en las vísceras. Usaron métodos cruentos para evitar “la invaginación peniana”, intervino la iglesia, el sistema sanitario y así como vino, la supuesta maldición fálica se fue. Y claro, no podemos dejar de citar el emblemático caso de las chicas de Salem, llevado a la pantalla grande aun con serias contradicciones en su narrativa y las voces polifónicas de los lugareños.
Antes de adentrarnos a las teorías putativas neurosociales que explican por qué y cómo se germina una psicosis en masa, nos parece interesante resaltar en un acápite particular el caso acaecido en una escuela local de Kota Bharu, al norte de Malasia. Un grupo de estudiantes dijo que había visto una “figura negra” paseando por los pasillos. Con el paso de los días, otros estudiantes, e incluso profesores relataron algo similar. Una maestra llegó a afirmar que la “figura negra” había querido entrar en su cuerpo. La escuela tuvo que cerrar temporalmente. Llamaron a expertos islamistas en exorcismos y fenómenos similares. Hicieron varias sesiones de oración y de liberación. Después la escuela reabrió y todo volvió a la normalidad.
En primer lugar, estos fenómenos psicogénicos son más frecuentes en adolescentes y jóvenes, pero pueden aparecer en cualquier edad. Según el sociólogo Robert Bartholomew, hay unos cien brotes de este fenómeno cada año. La mayoría de ellos se producen en colegios y en fábricas. Segundo, no se contagian ¡se imitan o replican! Tercero, algunos casos han tenido como denominador común la presencia de tóxicos o alucinógenos. Esto ha sido explicativo para algunos brotes en particular como el ergotismo en la Edad Media y por el cual muchas mujeres fueron perseguidas por brujería.
Recordemos que desde el punto de vista neurocientífico el cerebro no discrimina entre lo real o irreal a nivel neuroquímico y adaptativo, funciona igual ante algo tangible o no. Si estas en un lugar concurrido y alguien dice fuego, aunque no haya evidencia de fuego, habrá una estampida, sentirás el olor a humo, habrá gritos y pánico. Aquí es cuando se activa la amígdala hipocampal, la ínsula y otras estructuras del cerebro medio, se dispara el cortisol, la adrenalina y noradrenalina, preparándonos en una respuesta de huir o confrontar según la memoria emocional y la recursividad individual, pero en la mayoría de las ocasiones el juicio que se comanda en el cortex prefrontal estará nublado, ya que estas aéreas se bloquean temporalmente.
Hasta aquí esto es más o menos universal, pero existen otros factores, factores etnosociales que engatillan la aparición de la psicosis global. ¿Por qué algunas poblaciones son más vulnerables? ¿Hay tiempos y escenarios donde germinan con más facilidad? O yendo más allá ¿se podría fabricar una psicosis en masas? Los aspectos que siguen son los que hasta ahora se han vinculado:
1-Ambientes opresivos:
Uno de los postulados iniciales en estos casos ha sido el ambiente opresivo. Considerado un escenario ideal para la aparición de la misma debido a que son propensos a generar sentimientos de estrés, ansiedad y otras emociones que se disparan en grupos de personas sobre todo con informaciones distorsionadas o sin información sobre lo que acontece en su entorno en tiempos de cambio o en momentos de grandes conflictos sociales
2-Presión social:
Con cierto parecido al punto anterior, pero a diferencia, aquí un grupo de personas fomenta la histeria propagando ideas irracionales, presionando a los demás a creer o difundir ideales, o simplemente generando un ambiente más hostil al estresar y acosar al resto.
3-Falta de confianza en las autoridades, los cuerpos científicos y las entidades protectoras:
La desconfianza en las figuras científicas o pruebas científicas, por la razón que sea, hace que los grupos formulen sus propias conclusiones, muchas veces erróneas, perpetúen ideas y pensamientos que pueden propagar estados de incertidumbre, ansiedad y un efecto dominó que terminan en psicosis.
4- Acceso indiscriminado a información alarmista, no siempre responsable, fake news y con tintes apocalípticos que anidan en el temor del inconsciente colectivo y los miedos atávicos de las masas:
Vivimos tiempos oscuros, como predijo Gramsci, el tiempo donde nacen los monstruos, monstruos muchas veces irreales, pero como hemos citado, el cerebro no distingue entre ambos. Si escuchas que una sombra acecha en la oscuridad en una sociedad atomizada, sin identidad, donde la estabilidad emocional cada vez es más frágil y abrir las páginas de los periódicos es como ir descendiendo en círculos al inframundo, no necesitas una bruja o un demonio. Una disforia global nos arropa. El hombre es el lobo del hombre, y ahora más que nunca, actuar con razón o compasión parece ser una excepción, pero nunca la norma.
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