Santo Domingo Oeste. Los emprendimientos en Santo Domingo Oeste están creciendo a un ritmo vertiginoso, pero los servicios inestables de agua y luz ponen en riesgo su actividad comercial. Estos servicios deficientes les provocan pérdidas económicas que comprometen su estabilidad.

Según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), en República Dominicana el agua no es continua. El servicio llega en promedio 11.4 horas al día y solo el 74.5% de los hogares del país se abastece de la red pública. En el 95% de las casas se almacena agua en tinacos por desconfianza en el servicio y solo el 68.5% recibe el agua por tubería dentro de la vivienda.

No hay datos estadísticos precisos por barrios, pero dirigentes barriales del Gran Santo Domingo denuncian que los apagones les hacen la vida imposible y afectan directamente a los negocios del barrio. Además, datos técnicos de Empresa de Electricidad del Sur (Edesur) indican que el promedio de interrupciones por cliente es de 15 suspensiones al mes, con una duración acumulada mensual de más de 13 horas de apagones.


Estos valores no son totales para todo el país. Reportajes recientes destacan que sectores como Las Caobas, Las Palmas, Manoguayabo, Bayona, Buenos Aires, La Altagracia y el Abanico sufren apagones constantes. Por otro lado, gremios empresariales afirman que más de 90 mil negocios a nivel nacional se ven afectados por estas interrupciones, y que las pérdidas económicas superan los 145 millones de pesos debido a productos refrigerados dañados y equipos averiados.


Los negocios en Santo Domingo Oeste han visto afectada su economía debido a los cortes eléctricos y la falta de agua.
Sectores como Las Caobas, Buenos Aires, La Altagracia, Las Palmas, San Miguel, Bayona y Manoguayabo figuran entre los más perjudicados por la inestabilidad de estos servicios. Muchos comercios deben asumir gastos adicionales en combustible, hielo o camiones de agua para continuar operando; los costos mensuales en combustible para plantas oscilan entre RD$5,000 y RD$18,000, mientras que el gasto diario en hielo va de RD$300 a RD$600, y la compra de agua en camiones cuesta entre RD$1,000 y RD$2,000 por viaje.
La falta de agua y energía eléctrica reduce las horas productivas, disminuye las ventas y obliga al cierre temporal de negocios, con reducciones de hasta un 30% o 50% en días de apagones, además de pérdidas de entre tres y siete horas de productividad. Estas condiciones provocan cancelación de servicios en salones, barberías, restaurantes, centros de uñas y otros establecimientos. Como resultado, muchos negocios operan con pérdidas constantes y al borde del cierre.
La situación descrita en los datos oficiales se confirma en la experiencia diaria de los pequeños comerciantes del municipio. En Manoguayabo, Juan Batista, propietario del colmado Batista, aseguró que la energía eléctrica en la zona es altamente inestable. “A veces se va y dura hasta ocho horas sin venir”, explicó, señalando que esta situación lo obliga a utilizar una planta eléctrica para poder operar, lo que se traduce en un gasto constante de combustible.
Mientras que Santa Suero, propietaria del comedor El Maná asegura que los apagones prolongados han provocado daños recurrentes en carnes y productos refrigerados. “La luz es un caos; cuando se va por muchas horas, los alimentos se dañan y no puedo usar el aire acondicionado con la planta, por lo que los clientes se marchan”, afirmó.
Ambos testimonios reflejan cómo los cortes eléctricos no solo incrementan los costos operativos, sino que también reducen la clientela y afectan directamente la sostenibilidad de los negocios en Santo Domingo Oeste.
Las autoridades aseguran que trabajan para mejorar la estabilidad de los servicios básicos en Santo Domingo Oeste. Edesur afirma que ha realizado miles de acciones de normalización y combate al fraude eléctrico, mientras que la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (Caasd) sostiene que continúa ejecutando mejoras para aumentar la presión del agua en los sectores más afectados.

Sin embargo, pese a estas intervenciones, comerciantes y residentes afirman que las soluciones no han sido suficientes y que la inestabilidad persiste en gran parte del municipio. La distancia entre los anuncios oficiales y la realidad diaria mantiene un clima de incertidumbre, mientras los negocios operan bajo el riesgo constante de nuevas interrupciones.
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