SANTO DOMINGO.- En República Dominicana, cada vez más personas emprenden no por inspiración, sino por falta de opciones. En barrios populares, en provincias olvidadas, en salones improvisados o cocinas convertidas en talleres, miles de dominicanos intentan levantar un pequeño negocio con lo que tienen a mano. No hay respaldo financiero, no hay formación empresarial, no hay red de seguridad. Pero hay hambre de avanzar. Emprender, en muchos casos, no es una aventura, sino una necesidad.
“Yo no quería ser empresaria, yo solo quería mantener a mis hijos sin tener que pedirle a nadie”, dice Clara Jiménez, de 29 años, pastelera en Los Alcarrizos. Su microempresa, que comenzó vendiendo cupcakes por WhatsApp, sobrevive entre cortes de luz, precios altos de insumos y préstamos informales.
“A veces uno siente que está remando solo contra la corriente.”
Un país que quiere, pero no puede
La vocación emprendedora de los dominicanos es una de las más altas de América Latina. Según el Global Entrepreneurship Monitor (GEM), más del 85 % de los adultos considera viable tener un negocio propio. Pero solo una minoría logra mantenerlo vivo más de dos años. Los números lo confirman: casi la mitad de los nuevos negocios fracasan antes de consolidarse, según un estudio del Instituto del Fracaso citado por Diario Libre.
El problema no está en las ideas, ni en el trabajo. Está en las condiciones. “Emprender aquí no es para crecer, es para sobrevivir”, resume Manuel Peña, vendedor de accesorios móviles en una plaza de Santiago. Su negocio, sin registro ni facturación formal, no puede acceder a créditos ni programas de apoyo. “Mientras más pequeño eres, menos ayuda recibes.”
El muro del financiamiento
Conseguir dinero para comenzar es, para muchos, el primer gran obstáculo. Sin garantías, sin historial crediticio y sin una empresa formal, la mayoría recurre a lo poco que tiene. Los que pueden, se endeudan con familiares; los que no, caen en préstamos informales con tasas que rozan lo usurero.
Según el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), el acceso al crédito sigue siendo desigual, especialmente para mujeres y jóvenes. Los programas públicos como RD-Emprende ofrecen apoyo, pero los requisitos siguen siendo inaccesibles para quienes están en la informalidad o carecen de asesoría legal.
“Me pidieron un plan de negocios, un RNC, estados financieros. Pero ¿cómo si estoy empezando?”, se pregunta Lidia Ramírez, emprendedora de San Cristóbal que vende ropa en redes sociales.
Burocracia que desalienta
Registrar un negocio en el país puede tomar semanas. Obtener el RNC, abrir una cuenta empresarial, tramitar los permisos sanitarios o municipales, implica enfrentar un sistema fragmentado y, muchas veces, desactualizado. Un informe de la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios (ANJE) reveló que más del 87 % de los nuevos emprendedores considera que la burocracia estatal es una traba constante.
La falta de integración entre instituciones y los procesos manuales ralentizan todo. Para quien vive del día a día, el tiempo que toma formalizarse es un lujo que no siempre puede darse.
El peso de la brecha digital
La llamada “pobreza digital” es otra barrera real. En comunidades como La Victoria, Villa Mella o sectores de La Vega, no hay acceso estable a internet, ni equipos tecnológicos modernos. Emprender sin conectividad en pleno 2025 es como vender en un mercado donde nadie pasa.
Además, la mayoría de los microempresarios no tiene formación en administración, ni conocimientos básicos sobre facturación, impuestos o manejo de inventario. Según la Escuela de Emprendedores de Alegra, esta falta de educación financiera es una de las causas principales del fracaso temprano de muchos negocios.
¿Y el Estado?
El Gobierno ha implementado varias iniciativas, como el Fondo de Innovación para el Desarrollo y el programa Impúlsate, con líneas de crédito, capital semilla y asesoría técnica. Sin embargo, su impacto aún no llega a gran escala. La cobertura sigue siendo limitada y muchas veces no responde a la realidad de quienes ya están emprendiendo en la informalidad.
Según el Ministerio de la Presidencia, en 2024 se destinaron RD$25 millones al fortalecimiento de industrias creativas y nuevas empresas. Pero expertos coinciden en que los esfuerzos deben ir más allá del financiamiento: se necesita una política integral que incluya simplificación tributaria, alfabetización financiera y acompañamiento técnico real.
Historias que no llegan al titular
La historia de Clara Jiménez, la pastelera de Los Alcarrizos, no es una excepción. Es la norma. Son las historias que no aparecen en las estadísticas, pero que sostienen a miles de familias. Emprender, en este país, no es una moda. Es una forma de resistencia. Un acto de dignidad frente a un sistema que aún no ofrece garantías mínimas.
Como ella, muchos dominicanos siguen apostando por sus ideas, con las uñas, con fe, con lo que haya. Porque para ellos, emprender no es un lujo. Es la única salida.
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