Desde Irlanda, Surcorea hasta Uruguay
Por la Dra. Marcia Castillo (neuróloga)
Oscar Wilde fue un hombre crítico y muy observador, pero nada sencillo, según sus biógrafos. En ocasiones mordaz, así lo señala con esta frase: «Vivimos en un mundo donde lo único que parece necesario es lo innecesario». Eventualmente, es difícil distinguir lo necesario de lo imprescindible y lo imprescindible de lo inútil. El molde sociocultural actual no conoce las medianías ni la mesura; muchas filosofías consideraban la mesura como una gran virtud. Hoy, la mesura se asemeja a un animal sacado del Bestiario de Jorge Luis Borges.
¿Qué es necesario y qué no?
Con algunos días de diferencia, ganó el Premio Reina Sofía el filósofo y ensayista Byung-Chul Han, autor de No-cosas: Quiebras del mundo de hoy y otros múltiples ensayos, como La sociedad del cansancio y La agonía de Eros. Luego, un día, el mundo amaneció sin ese hombre inmenso llamado Pepe Mujica, uno de los pocos presidentes que terminó su segundo mandato con igual querencia y aceptación por su pueblo y por su gente.

Por su parte, en las altas esferas filosóficas —rígidas y herméticas—, la obra de Han se tilda de ligera y poco academicista. Pero lo cierto es que ha llevado la filosofía a los jóvenes curiosos, acercándolos a reflexiones lúcidas sobre la autoexplotación, la happycracia y la herida psíquica global, al incremento del burnout y la infotoxicación. En No-cosas, ofrece una visión crítica de la cultura del consumo masivo y la acumulación de bienes materiales, resaltando que habitamos saturados de objetos que, en lugar de aportar valor, nos ahogan y vacían la existencia.

La acumulación constante nos aleja de una vida auténtica y significativa, escribe el filósofo surcoreano, e insiste en reenfocar nuestra atención en la reducción de lo superfluo y en cultivar el ser en lugar de tener. Además, sus textos analizan el impacto de esta dinámica bidireccional entre el individuo y la sociedad, y cómo va lacerando las relaciones interpersonales, nuestra salud mental y social.
No-cosas es un llamado de atención a adoptar una vida más consciente, fomentar un vínculo más genuino entre el mundo, nosotros y los otros, libre de la angustia del consumo desmedido.
Volviendo a Pepe, por encima de sus lauros y de los múltiples estudios, el mandatario fue un hombre austero, humilde, de la gente y para la gente. Como decía su compatriota Galeano: «En un mundo de plástico y ruido, quiso ser de barro y de silencio». Tenía clara la justa medida de las cosas: que quien no es feliz con poco no será feliz con mucho, y que la gran tarea es aprender a vivir con lo esencial. Era como si dictara diariamente una cátedra de neurociencias aplicadas a la vida, pero en realidad enseñaba humanidades. Solo eso: ser humano ante otro ser humano.
Los periodistas se preguntaban cuál era la magia del señor Mujica. No-cosas, sencillo, como el barro en manos del alfarero o como el sol tibio en la fábula de Esopo, que ganó aquella apuesta contra la ostentosidad del viento.
En tiempos de vientos revueltos, ¿servirá algo tan sencillo como esta frase sencilla?
«Que vivo con pocas cosas, una casa simple, que ando en un autito viejo. ¿Esas son las novedades? Entonces, este mundo está loco porque le sorprende lo normal».
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