Por Dra. Marcia Castillo (neuróloga)
Foto: https://www.canal26.com/bienestar-y-salud/generacion-z-cada-vez-son-mas-los-jovenes-con-depresion-y-ansiedad–370156
No, no es una falta ortográfica. La “anziedad” se ha convertido en el telón de fondo sobre el que discurre la vida actual. Naturalmente, el confinamiento y la pandemia jugaron un papel sinérgico para develar algunos de los costados preexistentes de las afecciones mentales, y también hicieron aflorar otros nuevos. Esta problemática ya había sido vaticinada por los especialistas en la materia: Sabíamos que la inestabilidad emocional generaría una tremenda eclosión, pero ¿cómo y cuándo? Eso no podíamos predecirlo.
Nos acercamos con vértigo a una ruptura de la psique social, donde nos precipitamos y parece que carecemos de las herramientas necesarias para sortear cualquier situación que requiera juicio crítico, templanza y ecuanimidad. Naturalmente, siempre habrá grupos más vulnerables, pero hoy quisiera enfocarme en el análisis de un grupo etario en particular, quienes, según la psicología social, han devenido más susceptibles a los trastornos de ansiedad en todas sus dimensiones: nos referimos a la “Generación Z”. Mientras que aquellos que no pertenecemos a este segmento vemos superflua la dualidad en la que viven (la virtualidad es su nueva realidad), en lugar de darles un punto de apoyo, aconsejarlos o ayudarlos a gestionar herramientas asertivas ante la frustración, la presión dentro y fuera de las redes sociales, o el rechazo por la falta de aceptación de sus pares, los sumimos en una postura catastrofista con frases que, en vez de acercarnos, nos alejan: “Esta generación está perdida”, “Ay, en mis tiempos” o “Es que son demasiado frágiles”. Resalto antes de proseguir que cada generación tiene sus fortalezas y sus falencias, y es un retrato del contexto sociohistórico que la ha moldeado.
A menudo, ansiedad y estrés se entienden como conceptos homónimos, así que antes de avanzar he de contextualizar ambos aspectos. Sentirse estresado o experimentar estrés episódico es natural y biológico; es lo que en evolución hemos llamado la “respuesta de huida o confrontación”. El estrés es una respuesta psicofísica normal ante cualquier cambio vital o imprevisto; son reacciones adaptativas y evolutivas ante el dinamismo de la vida. Pero cuando esto sobrepasa los recursos o se perpetúa en el tiempo, tiende a afectar biológica, cognitiva y conductualmente al ser humano. Aquí es donde el estrés se patologiza, donde el eustrés (estrés bueno) se convierte en distrés (estrés malo), y generalmente se asocia con signos cognitivos, emocionales o somáticos de la ansiedad. Los criterios para hablar de un Trastorno de Ansiedad están establecidos en el DSM V y no serán discutidos en esta entrega.
¿Pero quiénes son los denominados Generación Z? Nacidos entre mediados de la década de 1990 y principios de la década de 2010, a ellos se les ha marcado con la “Z” sobre la frente y el corazón, la última letra del alfabeto castellano. ¿Quién sabe si por eso siempre andan apurados por llegar, angustiados en una carrera interminable hacia algo, preocupados por un mañana que aún no llega y sintiendo que el tiempo les come los talones? Hasta aquí todo es mera especulación teórica. ¿Por qué esta población es más propensa a la ansiedad y qué influencia ejercen sobre ellos las dinámicas socioculturales en la postmodernidad?
La Generación Z se enfrenta a un mundo caracterizado por cambios rápidos, acceso sin restricciones a la información y las presiones socioeconómicas de la hiperproductividad. Nunca el solipsismo ha alcanzado niveles tan altos como en los tiempos actuales. El modelo de “yo blindado” en el que todo depende de uno mismo, donde no hay fuerzas morales que contengan ni un sentido real de comunidad (“si fracasas es solo tu responsabilidad; tu triunfo, tu felicidad, tu salud, todo depende de ti”), se estrella contra la realidad y sangra, porque no todos tienen las mismas oportunidades, sin mencionar las brechas sociales, la cultura de la inmediatez y el descarte. Si no logras tus metas, es porque no te esforzaste lo suficiente. ¿Pero cuánto es suficiente? Y ya sabemos que lo que el cerebro cree, lo crea. Con esta máxima ahora, un atleta nunca es lo suficientemente bueno, una modelo nunca es lo suficientemente bella, y un empresario nunca es lo suficientemente exitoso. Las arcas emocionales se desbordan y terminan rompiéndose y rompiendo al ser humano. Imagina ahora un joven común que se ha graduado suma cum laude, tiene dos maestrías y no encuentra empleo porque la meritocracia y el arribismo imperan. Desde lejos, observando bien, “el hombre es Sísifo y la piedra al mismo tiempo, subiendo la cuesta de la misma vida y volviendo a empezar cada mañana”.
También está la soledad como un problema sanitario, y no esa soledad elegida, sino la percepción de estar solo, que es un sello del yo postmoderno: blindado, sin un ancla transversal en la comunidad ni vertical en la espiritualidad, ya no tiene arraigo, sentido de pertenencia o trascendencia. La otra realidad, el nuevo mito de la caverna, se expande en la virtualidad, que es donde se está construyendo el nuevo régimen: los role models, la definición de lo permitido o no permitido, los estándares de belleza y prototipos imposibles de cumplir. Esa es otra pieza del espejo fracturado donde ha crecido mirándose esta generación, con una especie de dismorfia social que aplaude lo vacío pero también impone la happycracia y la tenencia sin importar el costo. Todo es rápido, todo es ya, mejor o igual a… Finalmente, esta cartera de estresores desequilibra la neuroquímica cerebral y afecta las estructuras que gestionan el miedo y las que miden el riesgo.
El cerebro humano evolucionó hacia la prosocialidad por la necesidad de cohesión social, pero inmersos como estamos cada vez más en la virtualidad, donde todo está cerca pero al mismo tiempo lejos, esas células espejo responsables de la empatía y la cognición social se van atrofiando. Hemos dejado de entender las relaciones humanas; olvidamos cómo comprender el mundo.
Generación Z: un panóptico de la ansiedad en la nueva caverna
Estos son algunos de los actores que contribuyen a la ansiedad que experimentan los jóvenes de esta generación, sin dejar de lado la polarización sectorial y otros factores:
Cultura del rendimiento: La Generación Z se encuentra inmersa en una cultura del rendimiento, donde se les incentiva constantemente a buscar la perfección en todas las áreas de sus vidas. Las altas expectativas académicas, la presión social y las demandas autoimpuestas pueden generar altos niveles de estrés y ansiedad.
- Incertidumbre y precariedad laboral: La Generación Z se enfrenta a un mercado laboral altamente competitivo y en constante cambio. La inseguridad en relación a encontrar un empleo estable, el miedo al fracaso y la presión de encontrar su propósito pueden contribuir a la angustia y a la sensación de incertidumbre sobre el futuro.
- Falta de conexión interpersonal: A pesar de la aparente hiperconectividad, la Generación Z puede experimentar un sentimiento de aislamiento. La falta de conexiones personales significativas y la prevalencia de relaciones superficiales y desechables pueden aumentar los niveles de ansiedad.
- Nudos de la sociedad postmoderna: la fragmentación social, la falta de certezas universales y la diversidad de perspectivas también influyen en la ansiedad de la Generación Z.
- Consumismo y búsqueda constante de novedad: esta presión comercial puede generar estrés crónico, con la necesidad de estar a la altura de las expectativas impuestas por la sociedad y las tendencias.
- Expectativas de éxito y autorrealización: la presión por alcanzar el éxito y la autorrealización puede generar ansiedad en aquellos que aún están descubriendo su camino y se sienten abrumados por las altas expectativas asociadas.
La ansiedad en la Generación Z no es un fenómeno aislado ni exclusivo de este sector, sino que está influenciada por múltiples factores socioculturales de la postmodernidad. La presión académica, el impacto de las redes sociales, la incertidumbre laboral y la falta de conexiones personales significativas son solo algunas de las raíces de la ansiedad en esta generación. Comprender estos factores es esencial para abordar y apoyar de manera efectiva a la Generación Z en su lucha contra la ansiedad y promover su bienestar mental.
La expresión “todo tiempo pasado fue mejor” es un argumento común para lapidar a las nuevas generaciones, la denominada ucronía se idealiza y exalta el pasado. Pero el tiempo perfecto según los antiguos griegos no es Cronos, lineal e irreductible si no el Kairós, el que es propicio e idóneo pero veleidoso. Citando a Hipócrates: “Vita brevis, ars longa, occasio praeceps, experimentum periculosum, iudicium difficile” (La doctrina es larga; la vida, breve; la ocasión, fugaz; la experiencia, insegura; el juicio, difícil). Nos hemos creído dueños de las horas, pero solo nos pertenecen los relojes. No podemos adelantar ni acortar nada, por eso, debemos vivir a conciencia, aquí y ahora.
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