Por Yarianny Lorena de Jesús
“Relación acerca de las antigüedades de los indios” es considerado el primer documento etnográfico sobre los pueblos indígenas de las Américas y fue escrito por el fraile dominico Ramón Pané en el siglo XV. Este acompañó a Cristóbal Colón en su segundo viaje al Nuevo Mundo en 1494. Durante su estancia en la isla de La Española (actualmente dividida entre Haití y la República Dominicana), Pané vivió entre los taínos, una de las principales etnias indígenas del Caribe, creando así, una valiosa descripción de la cultura, mitología, creencias religiosas y costumbres de los taínos.
El libro se escribió originalmente en español y posteriormente se tradujo al latín. Aunque la obra original en español se ha perdido, se han preservado varias traducciones y versiones que han permitido a los estudiosos reconstruir el contenido de la obra. El libro es particularmente importante porque nos permite conocer la perspectiva de la vida y la espiritualidad taína antes de que la influencia europea cambiara drásticamente su sociedad. En este sentido, el trabajo de Pané es una fuente inestimable para los antropólogos, historiadores y cualquier persona interesada en las culturas indígenas precolombinas del Caribe.

Se ha identificado una estrecha relación con “Dioses y hombres de Huarochirí“, de la cultura quechua, pues aparte de que son obras que recopilan mitos y creencias de pueblos indígenas en la era precolombina documentando sus cosmovisiones y rituales, en ambas obras también se observa una característica común, que es la capacidad de transformación de las personas en animales y la interacción de los dioses como si fueran humanos. En “Relación acerca de las antigüedades de los indios“, los taínos creían en seres divinos y espíritus que podían adoptar formas humanas o animales, reflejando una perspectiva del mundo donde lo sobrenatural y lo natural están íntimamente conectados. De manera similar, en “Dioses y hombres de Huarochirí“, los mitos andinos describen a dioses que interactúan con los humanos y a veces se transforman en animales, mostrando un universo animado y lleno de seres con poderes cambiantes.
Llama la atención el mito de cómo los hombres se separaron de las mujeres. Esto sucedió porque Yahubaba, enviado por Guahayona para buscar la hierba llamada “digo”, no regresaba. Guahayona, al ver que Yahubaba no volvía, les dijo a las mujeres que dejaran a sus maridos e hijos, que luego volverían por ellos, y que solo llevaran la hierba llamada “Güeyo”. Cuando a los niños comenzó a molestarles el hambre, empezaron a llorar y a pedir teta. Poco a poco, se convirtieron en animales parecidos a las ranas, llamados “tona” por la forma en que pedían teta. De esta manera, los hombres se quedaron sin mujeres.
Sin embargo, me parece aún más sorprendente cómo los hombres volvieron a tener mujeres. Un día, muy deseosos de tener compañeras, los hombres fueron a lavarse y comenzó a llover. Al llover, buscaban huellas de sus mujeres, pero nunca encontraron nada. Ese día vieron caer de los árboles unas formas humanas sin sexo. Intentaron atraparlas, pero huyeron como anguilas. Entonces, trajeron más hombres para ver cuántas eran y enviaron a unos “caracaracol” (sarnosos y de manos ásperas) para que atraparan una cada uno. Luego de atraparlas, como no tenían sexo, buscaron al pájaro “Inriri”, que agujereaba los árboles. Amarraron a las mujeres de pies y manos y les ataron el pájaro al cuerpo. El pájaro, creyendo que eran maderos, comenzó a agujerear donde debía estar el sexo de las mujeres. De esta manera, los indios volvieron a tener mujeres.
Por otro lado, es interesante lo que creían los taínos sobre la forma que tenían los muertos. Decían que durante el día los muertos estaban recluidos y por la noche salían a pasearse, comiendo un fruto llamado guayaba. Se creía que durante el día eran invisibles y por la noche se convertían en fruta, haciendo fiesta y mezclándose con los vivos. Para identificarlos, les tocaban el vientre; si no encontraban el ombligo, sabían que era un “operito” (muerto), ya que decían que los muertos no tenían ombligo. A veces, los vivos quedaban engañados y pensaban que estaban con mujeres de Coaybay, pero estas desaparecían en un instante. Además, creían que el espíritu de una persona viva se llamaba “goeíza” y después de muerta, “opía”. Estos espíritus podían aparecer en forma de familiares y desaparecían al intentar tocarlos. Por esto, los taínos temían caminar solos de noche.
Tambíen está el relato de cómo los behiques engañaban. Cuando un enfermo moría, los parientes, sospechando del médico, usaban una hierba llamada güeyo. Mezclan su jugo con polvo de las uñas y el cabello del muerto y se lo dan a beber, preguntándole si el médico fue responsable. El cadáver respondía claramente al principio, revelando la causa de su muerte. También quemaban al muerto en una hoguera y lo interrogaban, pero solo respondía diez veces antes de quedarse en silencio.
Por otra parte, es sorprendente cómo los taínos se vengaban del behique (médico) que consideraban responsable de la muerte de un pariente. Lo golpeaban hasta creerlo muerto, pero por la noche, decían que culebras mágicas sanaban sus heridas. Al verlo vivo, intentaban matarlo de nuevo, porque se decía que solo moriría si le sacaban los ojos y testículos.
En conclusión, “Relación acerca de las antigüedades de los indios” es fundamental para comprender la vida, la espiritualidad y las costumbres de los taínos antes de la llegada de los europeos. Considerado el primer documento etnográfico sobre los pueblos indígenas de las Américas, este libro brinda una descripción detallada y valiosa de una cultura que experimentó cambios drásticos tras el contacto europeo. La obra no sólo documenta la mitología y las creencias religiosas de los taínos, sino que también revela sus perspectivas sobre la vida, la muerte y la interacción con lo sobrenatural.
Además, la relación entre esta obra y “Dioses y hombres de Huarochirí” destaca la universalidad de ciertos temas y creencias en las culturas indígenas de América Latina, pues nos reflejan un mundo donde lo natural y lo sobrenatural estaban muy conectados, mostrando cómo las personas podían transformarse en animales y cómo los dioses interactuaban con los humanos.
En definitiva el trabajo de Pané es una fuente de mucha ayuda para antropólogos, historiadores y cualquier persona interesada en las culturas indígenas precolombinas del Caribe. A través de su documentación, Pané nos permite visualizar esta antigua cultura tan compleja, rica y diversa, brindando una perspectiva sobre esa sociedad que, de otra manera, podría haber quedado en el olvido.
Referencias bibliográficas:
Pané, F. R. (1498). Relación acerca de las antigüedades de los indios. Editores Siglo XXI de España. https://www.dlls.univr.it/documenti/Avviso/all/all287650.pdf
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