Santo Domingo, RD – En la víspera de la Nochebuena, la economía dominicana vive sus horas de mayor vértigo. Entre el caos del tránsito y el bullicio de los mercados, los datos de las últimas jornadas cuentan una historia que va más allá de la fiesta: es la radiografía de un país que se debate entre el alto costo de la vida y el deseo innegociable de mantener viva la tradición.
La cena: entre el presupuesto y el ingenio
Sentarse a la mesa este año tiene un sabor agridulce para el bolsillo. Aunque el Banco Central mantiene la narrativa de una inflación bajo control, la realidad que golpea al ciudadano en el mostrador es distinta. El precio del cerdo asado y los ingredientes básicos de la ensalada rusa han experimentado alzas que obligan a las familias a ser extremadamente creativas con el presupuesto.
El dato crítico de estas horas es el comportamiento del consumo: el dominicano está comprando, pero con una cautela que no se veía en años anteriores. Según reportes de la Federación Dominicana de Comerciantes, aunque las ventas han subido por la fecha, el volumen de artículos por persona ha bajado. La gente está priorizando la comida sobre los estrenos de ropa o los lujos, un síntoma claro de que el presupuesto familiar está operando al límite.
La “economía del abrazo”: el rescate que llega del cielo
Si las calles tienen movimiento y el comercio respira, es gracias a una inyección de oxígeno que no nace exclusivamente dentro de nuestras fronteras. El Ministerio de Turismo y la Dirección General de Aduanas reportan un flujo migratorio sin precedentes. No solo son turistas buscando sol; son los dominicanos ausentes que han llegado con las maletas llenas y las remesas listas para el gasto directo.
Este flujo de divisas ha permitido que el tipo de cambio se mantenga estable en estos días de altísima demanda. Es esta entrada de capital la que realmente está moviendo la aguja en los negocios de barrio y en las provincias, donde el dinero de la diáspora se traduce directamente en la cena de quienes se quedaron aquí.
El flujo del “Doble” y el alcance del Bono
La liquidez que circula en las cajas registradoras tiene una base sólida en los más de RD$27,000 millones inyectados por el Gobierno y una cifra superior proveniente del sector privado en concepto de regalía pascual. Ese dinero ya ha cambiado de manos, fluyendo desde las cuentas de nómina hacia los pasillos de los grandes supermercados y mercados populares.
Por otro lado, el Bono Navideño de RD$1,500 ha funcionado como un alivio necesario para los sectores más vulnerables, intentando mitigar el impacto del costo de los alimentos. Sin embargo, la mirada crítica de los analistas apunta hacia el día después. La preocupación hoy no es solo cuánto se gasta, sino cómo se sobrevive a la resaca financiera. La economía dominicana cierra este ciclo previo a la fiesta con una nota de resiliencia: un pueblo que, a pesar de los precios, se las arregla para que la tradición no muera, aunque sea comprometiendo el descanso financiero de los próximos meses.
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