Por Dra. Marcia Castillo (neuróloga)
Foto: https://www.latercera.com/tendencias/noticia/cual-es-la-edad-ideal-para-dar-un-celular-a-los-ninos/OCUJE6XML5GR7GXHFENNJXETQA/
Hace unos días escribí un artículo sobre los niños y el juego, cómo esto forma parte de sus derechos fundamentales. Su importancia es tan medular como cualquier derecho inalienable, como la alimentación, la educación, la protección o el techo. Naturalmente, este artículo versaba sobre las diferentes teorías y estudios que avalan el papel del juego en el neurodesarrollo y su relevancia en el constructo psicosocial del niño; cómo aprender a esperar un turno, generar empatía, entender los roles sociales, gestionar la frustración, fomentar la creatividad y, poco a poco, ir abandonando las parcelas del adultocentrismo para explorar fuera e ir forjando un carácter autocrítico y reflexivo.
Recuerdo haber visto un programa que perfectamente pudo ser un experimento social. Se comparan niños expuestos precoz y constantemente a las pantallas frente a otros que, por razones diversas, han explorado, jugado y vivido a la “antigua usanza”. Por un lado, se entrevista a los infantes citadinos y, por otro, a los niños que han crecido en los campos. Los primeros no sabían distinguir un pato de una gallina, no sabían trepar un árbol y, entre otras cosas, no reconocían el excremento de vaca.
Mirándolo de manera superficial parece gracioso, pero invita a una profunda y terrible reflexión sobre cómo hemos permitido a nuestros hijos entrar a esta nueva caverna de la virtualidad. Les dotamos de esta herramienta que prometía acceso ilimitado al conocimiento, habilidades increíbles y una ventana abierta al mundo. No obstante, por razones que ya sociólogos, psicólogos y otros estudiosos han explicado ad nauseam, esto iba acarrear a largo plazo alienación, falta de perspectiva de realidad, incapacidad de crear lazos duraderos, falta de empatía y sería el germen de una alta carga de ansiedad y dependencia en niños y adolescentes que aún no alcanzaban la madurez de su estructura yoica: desrealización, soledad y problemas de autoestima en ambos extremos.
¿Cómo un niño tiene acceso a un dispositivo electrónico hoy día? Las caricaturas en inglés cargadas de imágenes hipercoloridas y música estudiada por especialistas lo estimulan, lo que, supuestamente, ayuda a que sea bilingüe tempranamente (el niño aprende palabras en inglés, claro) pero no hace contacto visual y parece no escuchar, se retrae ante las imágenes cambiantes y voces juguetonas, pero no sabe cómo jugar con otros niños.
Papá está en una reunión virtual, necesita silencio. “Denle la tablet al niño y pónganle el juego que le gusta para que deje de gritar”. El dispositivo es una nana o chupete digital. “Todos en el colegio tienen celular, mamá, ¿por qué me castigas? ¡Voy a parecer un raro!” Es cierto, todos tienen y él parece un raro y se siente fuera del grupo justo en el momento en el que necesita la validación de sus pares. Y la mamá, que se siente culpable porque entre el trabajo, los otros hijos y mantener un hogar unido, le regala el celular. Ahora el celular es el tercer brazo, un compañero hasta en el baño y el escaparate donde me expongo, pero también me comparo. Caldo de cultivo para el narcisismo, la soledad, la hipocondría y la histeria colectiva.
Victoria, la pequeña de Rosario, y de hecho debe ser ya una adolescente, comentó en un diálogo que “la culpa de todo es de los mayores”. Lanzó, como suelen hacer los niños, una verdad tremenda y dura. Cuando te preguntes por qué está cada vez más retraído, más impulsivo, menos conectado y sin poder saber quién es, pregúntate primero, ¿cómo un niño tiene acceso a un dispositivo electrónico hoy día? Si todos metemos la mano en el excremento de vaca, no es culpa de ellos, la culpa es nuestra de nosotros que somos los adultos, los mayores.
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