Por Dra. Marcia Castillo (neuróloga)
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G. B. Shaw escribió “Los políticos son como los pañales: deben cambiarse con frecuencia por las mismas razones”. Traigo a colación esta frase porque la conocí en boca de Pepe Mujica, quien sin duda es uno de los pocos líderes políticos contemporáneos que terminó su mandato con una aceptación igual o mayor que al momento de su elección. Su popularidad descansa en sus dotes de hombre genuino, austero, un ser humano humilde, trabajador del pueblo y desde el pueblo. Pepe entendía bien que estaba allí para servir, no para ser servido. Nunca se vio embriagado por el poder o la arrogancia de creerse blindado por la impunidad.
En la mitología griega Hubris o Hybrys era la diosa de la desmesura y quien enfermaba de ella presentaba un patrón característico. Las personas que ostentaban la gloria por mucho tiempo (generales, guerreros y emperadores), comenzaban a declararse en contra de los dioses, yendo en contra de su propia fragilidad mortal. Los mitógrafos vinculan a los enfermos de Hubris al desafío de las Moiras, entidades encargadas de enroscar el hilo de la vida y luego cortarlo según estuviese predestinado. El enfermo de Hubris pensaba que podía extender su hilo como él quisiera. Fue así como Ícaro, ajeno e insensato al consejo de su padre, voló y tan alto subió, ciego de soberbia, que Helios quemó sus alas y cayó hecho cera y polvo abrasado por su arrogancia.
Síndrome de Hubris en neuropsiquiatría
David Owen, neurólogo británico, observó un perfil psicoconductual en altos políticos que prolongaban su posición y acuñó el Síndrome de Hubris para describir las conductas de esos mandatarios que creen estar llamados a realizar grandes obras con tendencia a la grandiosidad, la omnipotencia e incapacidad de escuchar mostrando impermeabilidad a las críticas. Owen analizó estos comportamientos y consideró que el SH está indisolublemente unido al poder y alimentado por el éxito. Lo describe como un trastorno adquirido y reversible (puede remitir al desaparecer el poder).
En el 2009 Owen y el psiquiatra Jonathan Davidson propusieron que el SH sea contemplado como un nuevo trastorno psiquiátrico, un cluster de síntomas que conforman una entidad fácilmente reconocible (ver síntomas listados debajo), y su posible asociación con algunos trastornos de la personalidad antisocial, histriónico, pero, sobre todo, narcisista. Debe excluirse enfermedad orgánica o psiquiátrica como substrato de los síntomas.
- Propensión narcisista a ver el mundo como un escenario en el que se puede buscar la gloria y ejercer el poder.
- Efectuar acciones para autoglorificarse y mejorar su imagen.
- Preocupación desmedida por la imagen.
- Discurso mesiánico sobre cualquier asunto corriente, tendencia a la exaltación.
- Identificación con la nación, el estado o una determinada organización.
- Habla de sí mismo en tercera persona.
- Confianza desmedida en su propio juicio y desprecio el criterio ajeno.
- Autoconfianza exagerada y tendencias a la omnipotencia.
- La creencia de que no se debe rendir cuentas a los iguales, a la sociedad o a los colegas, sino ante cortes más elevadas, a Dios o a la historia.
- Pérdida de contacto con la realidad con un aislamiento progresivo.
- Impulsividad, inquietud e imprudencia.
- Convencimiento de la rectitud moral de sus ideas.
¿Intoxicado o enloquecido? No, demenciado
Un aspecto observado en algunos mandatarios luego de cierto tiempo en el poder es la falta de empatía, ocasionalmente actitudes burlescas, chabacanas, o por el contrario, dar conversaciones por terminadas, discursos utópicos, desestimar comentarios e intolerancia a las críticas o accionar fuera de todo orden.
La neurobiología del SH no está esclarecida pero se ha constatado una disregulación en las vías dopaminérgicas justificando la impulsividad, la adicción al poder, así como se reconoce áreas corticales involucradas, la ventromedial prefrontal y la ínsula, estas relacionadas con la correcta apreciación del riesgo en la toma de decisiones, la amígdala y el núcleo acomben asociados con la impulsividad y la falta de proyección de riesgos.
Los individuos con éxito o poder tienen una activación prefrontal izquierda igual a las personas que en alguna situación tuvieron poder sobre otras. Por otra parte, Garrard encontró semejanzas comportamentales en el SH con algunos casos de demencia frontotemporal y describió una variante que denominó ‘demencia frontotemporal SH-like’, que sugiere un sustrato anatómico común.
Si queremos mantener un equilibrio social y democrático de nuestros pueblos hay que ser críticos con la permanencia prolongada de los hombres y mujeres que nos dirigen, cambiar los pañales con regularidad y evitar la pestilencia que corrompe, observar los signos y síntomas de Hubris en nuestros mandatarios. “Recuerda que todos los hombres serían tiranos si pudieran”, dijo Abigaíl Adams, y yo sumo a esta frase “si pudieran y si nosotros les permitimos ostentar el poder demasiado tiempo”.
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